Luego voy a contarles sobre mis ganas de tener sexo con otra mujer. No creo que sea la única no lesbiana que fantasea con eso.

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Gerundios

WordPress me informa que en este sitió sólo ha recibido tres visitas en agosto, y no me extraña, hace meses que no escribo y seguro ya todo el mundo por aquí me olvidó.

Les cuento que ahora trabajo en un nuevo diario, otra vez soy reportera en una ciudad extraña y linda, espero ser profeta en esta que no es mi tierra.

Los últimos tres meses la he pasado bien, entre el orgullo y el auto-sabotaje, creyéndome los regaños de los jefes pero con una mejor escritura y con un mejor hilo conductor al momento de contar historias. Mi cerebro se hace grande cada vez que me regañan por usar gerundios, y ya aprendí, para muestra este texto, que creo yo, no tiene ninguno.

Tengo cuatro nuevas amigas que a los pocos días de conocerme celebraron mi cumpleaños invitándome a comer un delicioso bufete de pizzas y alitas búfalo.  El problema no resuelto es el del dinero, no he conseguido ahorrar a pesar de que vivo en una casa en donde no pago renta y gano más que antes; también está la limpieza de la casa, Adrián y yo no nos ponemos de acuerdo, eso me agobia y pierdo la calma a veces. Estoy a costumbrada a mi propio desorden y no al desorden colectivo, ya lo resolveremos.

¿Qué pasa con ustedes? ¿No tienen nada que contarme?

Nuevo capítulo


El mes pasado me quedé sin empleo. Cerraron el periódico donde yo era reportera, y así como así, de la noche a la mañana tuve que resetear mi vida.

Opté por mudarme otra vez. Dejar el pueblito que amo y vivir en una ciudad donde tengo más oportunidades de trabajar en lo que me gusta.

Entre los muchos cambios, empecé a vivir con mi novio. Ahora estamos en la casa que fue de sus papás y de sus abuelos, una casa de 6 habitaciones que me recibió con amor y con muebles viejos y no tan viejos que no sabíamos dónde reacomodar. En un principio sentía que no era mi lugar, que tenía que ajustarme a una vida que no era mía. 

Tuve que vender la cama que hace años compré con los sueldos de mi primer empleo; la vendí para que mis muebles cupieran en la pequeña camioneta de la mudanza, y eso sólo agudizó mi nostalgia, junto con los mensajes de texto y las llamas que tengo con mi mamá, a la que siento que extraño más que nunca.

Sentí ganas de dejar atrás varias cosas que me fueron útiles mientras viví sola en mi departamento, eran cosas que me dieron mis papás, cosas viejas y reparadas varias veces, pero al dejarlas sentía que los traicionaba a ellos y a mí misma, como si a mis papás les importara que dejara atrás las cazuelas viejas. 

Al día siguiente de mudarme, no sabía ni cómo abrir la puerta de esta nueva casa, mis cosas estaban empacadas y revueltas, no sabía dónde encontrar una puta toalla femenina y me puse a llorar de la desesperación.

Ahora siento que gané mil responsabilidades, y que la vida en pareja no es tan “en pareja”. Que mis papás y los de él están pendientes de qué comemos y demás labores de la casa. ¿Será delirio de persecución?

Uno espera que estas cosas de la vida en pareja ocurran mágicamente y que todo sea color de rosa, pero no es así. Se extraña a la familia que está a 5 horas de ti, aunque también se ama el caos y la adrenalina de la vida nueva.  

Adrián, te amo infinitamente. Gracias por demostrarme amor a pesar del cansancio físico de los últimos días.

Gusanitos verdes

Hace unos días mi plantita se llenó de una plaga de gusanos verdes. Me di cuenta muy tarde, cuando las hojas estaban muy comidas, cuando ya no había flores y la plantita estaba triste y decaída. No lo noté porque creí que eso pasaba por el frió.

Se siente bonito mantener a un ser vivo y verlo morir lentamente me partía el corazón. Quité los pequeños gusanos uno por uno, buscando entre las hojas marchitas. Soñaba con eso, con plagas. Me despertaba pensando en cómo revivirla, me levantaba más temprano para ponerla al sol, para regarla, para limpiarla con jabón y ponerle musiquita instrumental.

Mi ultimo recurso fue cortar los tallos muertos, qué eran muchos. No lo hacía porque tenía la esperanza de que volvieran a ponerse verdes. Mientras lo hacía, noté que una que otra varita seguía fuerte y eso me animó.

Creo que vivirá. Le quité todo lo malo que podía tener, incluso le cambié la tierra con el temor de que la sacudida terminara de matarla. Estoy contenta de haberme tomado el tiempo de mimarla.

Escribo sobre esto porque ya le estaban saliendo telarañas a este blog, y porque me siento orgullosa de haberla rescatado.

Es curioso los pequeños retos que se nos imponen al momento de vivir solos.

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Cumpleaños

Olvidé el cumpleaños de mi novio. Soy una culera. De todas formas díganle que lo amo y que lloré cuando él mismo me dijo “hoy cumplo 26”. Díganle que me encanta conocerlo, ir al cine, que me cuente sobre el arte, historias de Querétaro, la personalidad de mi jefe. Tomar café después de que me hace […]

Loquita del barrio

Cuando era niña, mi mamá me decía que la loquita del barrio estaba así porque un camión le mató a sus hijos. Le decían ‘la trevi’, porque se vestía con medias rotas, plataformas, cabello esponjado. Para mí siempre fue el terror de la cuadra, verla hablando sola, manoteando, gritándole a los autos, era algo aterrador […]